EL BARBERO DE SEVILLA –“Una voce poco fa”-
Compositor: Gioacchino Rossini
Título original: Almaviva o L'inutile precauzione
Estreno: Torre Argentina de Roma
Fecha: 1816 - 20 de febrero
Ambientación: Sevilla a finales del siglo XVIII
Acto I
El conde Almaviva, es un don Juan que intenta conocer y seducir a una chica llamada Rosina. Pero esta vive en casa de un viejo doctor muy severo y cascarrabias, Bartolo.
Sabiendo que el doctor jamás le dejará entrar en la casa, el conde contrata los servicios de un barbero muy pillo que conoce toda clase de artimañas, Fígaro. En su aparición canta su archifamosa aria: “ Fígaro,Fígaro…”
El barbero le aconseja que se disfrace de soldado, y que intente introducirse en la casa diciéndole al doctor Bartolo que tiene una orden de alojamiento para soldados. Para que el viejo doctor no le preguntara mucho, el conde decide además de disfrazarse fingir que está borracho. Pero el doctor Bartolo, además de cascarrabias es un desconfiado que no tiene un pelo de tonto, así que en cuanto ve el estado lamentable del supuesto soldado, decide llamar a la guardia. Cuando llega, el conde disfrazado se las ingenia para decirle al oficial que él no es un borracho, si no el conde Almaviva, con lo que evita su detención, pero tampoco consigue entrar en la casa. El viejo no entiende nada de lo que ha pasado, y esta situación en el escenario garantiza la risa.
Acto II
El conde Almaviva no se desespera. El 'plan A' ha fallado, así que el barbero Fígaro le dice que vuelva a intentar entrar en la casa disfrazado de profesor de música, y que le diga al doctor que es un sustituto del verdadero maestro, que está enfermo. El plan funciona, pero el viejo es tan desconfiado que sigue atentamente la lección que el conde disfrazado da a Rosina, sentado de brazos cruzados justo detras de ellos. Pasa el tiempo, y el anciano se duerme, y la lección de canto se convierte entonces en una lección de amor.
Y es a partir de aquí cuando comienza el tremendo alboroto y lío que asegura unas buenas carcajadas.
No os perdáis: Fígaro entra en la casa para quitarle las llaves del balcón de Rosina del propio bolsillo al viejo mientras duerme, justo cuando llega a la casa el verdadero profesor de música. Éste se percata de todo y pretende avisar al anciano, pero una bolsa llena de dinero le hace cambiar de opinión e irse de nuevo.
Mientras, el anciano se despierta y se encuentra de repente a Fígaro en su casa. Nervioso, intenta comprender que es lo que sucede, pero Fígaro le distrae con sus artes de Barbero mientras el conde y Rosina intentan fugarse por la ventana.
Fígaro comienza a ponerle espuma de afeitar por toda la cara para que no pueda ver nada, diciéndole que le va a afeitar de una forma magistral.
Pero la pareja no puede escaparse porque el balcón está cerrado, y Fígaro no puede darles la llave ya que a pesar del estado de Bartolo éste no quita ojo nunca.
El viejo, confundido, cabreado y con la cara llena de espuma, expulsa de la casa a todos, y manda a buscar un notario para casarse con la chica antes de que ocurra algo más.
El conde y el barbero, desde la calle, no se dan por vencidos, y trepan por el balcón hacia la casa. El doctor Bartolo corre a avisar a la guardia, y entonces llega el notario, que había sido avisado antes. Éste, ajeno a todo, casa a Rosina y al Conde.
El viejo llega a la casa demasiado tarde: La pareja de amantes se ha casado.

